
Como cada mes, en nuestro espacio de entrevistas a los exjugadores y antiguos entrenadores del Ciudad de Ponferrada (CdP), hablamos con Pedro Enrique, que estuvo en el club en dos etapas (2007-2008 y 2014-2019) entrenando en las categorías inferiores y culminó su etapa formando parte del cuerpo técnico liderado por Luis Daniel Enríquez que ascendió en el 2019 a la tercera categoría del baloncesto, antes conocida como LEB Plata.
1. Ciudad de Ponferrada: ¿Qué recuerdas con más cariño de tu etapa en el club?
Pedro Enrique: Es complicado. Fueron casi seis temporadas y hubo muchas cosas bonitas, mucha gente, muchos momentos… Torneos, día a día, competiciones… Me acuerdo mucho de un equipo que tuve en Mini, que eran una panda de “sinvergüenzas geniales” que se mantuvieron unidos y acabaron su etapa juntos en el club. Si me tengo que quedar con un momento, el ascenso en Bembibre. Conseguimos que el equipo subiera a LEB Plata. Fue un fin de semana con muchas emociones, muy bonito y en el que recibimos el cariño de la gente. Marcharte con la sensación de que el trabajo hecho después de un año duro había dado fruto. Colocamos a Ponferrada en el mapa del baloncesto nacional, que se lo merecía.
2. CdP: ¿Hay alguna anécdota divertida o memorable que te gustaría compartir de tu etapa en el club?
P. E.: Hay miles, pero me gustaría una que no es exactamente del club, sí con su germen, el JT, y con Luis Daniel Enríquez, mi compañero de fatigas. Jugando para ascender en Cataluña, jugábamos contra Aracena y estábamos descansando en la piscina cuando “se me subieron las bolas” con la prensa presente. Me tuvieron que sacar de la piscina porque casi me ahogo. Acabé vendado, cojo y en muletas y una de las cosas que más se comentó en las tertulias fue que el ayudante tuvo que ser socorrido por los medios de comunicación.
3. CdP: ¿Cómo describirías el ambiente en el club durante tu etapa allí?
P. E.: Era el germen de lo que hay ahora, es un club más grande. Era un club por estructurar, con cosas por hacer. Era un club familiar, pequeño, de día a día. Muchas veces salían las cosas más por las ganas que por el talento o por la experiencia. En mi etapa ascendimos desde Liga Nacional a LEB Plata y en formación llegamos a ser sextos de Castilla y León. Era un esfuerzo diario de mucha gente, entrenadores, jugadores y directiva. Siempre valoré a las familias del club, voluntarios, padres, que cada vez que se hacía una actividad se volcaban para que saliera adelante con el menor coste para el club.
4. CdP: ¿Quiénes fueron tus mayores influencias o apoyos dentro del club?
P. E.: Tuve la suerte de compartir la fatiga diaria con muchos compañeros, grandes entrenadores y jugadores. Siempre tuve la suerte de tener el apoyo de las familias, el trato con la directiva fue correcto. Si tuviera que quedarme con una persona, sería Luis Daniel Enríquez. Hemos sido compañeros de fatigas en el basket durante años y hemos estado juntos en momentos duros y en los felices. Siempre que tenido algún problema ha estado para ayudarme, para darme un consejo, una palabra amable y ponerme la mano en el hombro. Ha sido fundamental para que el club esté donde está. Pese a sus obligaciones laborales, sigue estando presente, todo el mundo tiene en cuenta sus opiniones.
5. CdP: ¿Cuál fue el desafío más grande que afrontaste mientras jugabas en el club y cómo lo superaste?
P. E.: El desafío más grande lo mantengo y es querer mejorar cada día, ser mejor entrenador y aprender cada día. Sólo se supera con ganas y esfuerzo. Los entrenadores somos como los médicos, ya que el baloncesto cambia cada día: si no estás al día, no estudias, te quedas obsoleto. Eso requiere mucho esfuerzo, pero no todo el mundo tiene la suerte de trabajar en lo que le gusta. Tengo claro que el día que no tenga ganas de seguir aprendiendo y disfrutando con lo que hago, daré un paso al lado y me dedicaré a otra cosa. El reto es ser mejor cada día y conocer tus límites para seguir mejorando.
6. CdP: ¿Dónde estás entrenando actualmente y cómo ha sido tu experiencia hasta ahora?
P. E.: Un mes antes del ascenso a LEB Plata me había comprometido con Tárrega, un club de Lleida. No veía claro el futuro, aunque sí sabía que íbamos a luchar. No tenía claro, a nivel formativo, hacia dónde iba el club, no compartía la idea general. Esas dudas me llevaron a buscar y abrir horizontes para salir de mi zona de confort. Dejé a mi familia en Ponferrada y estuve dos temporadas en Tárrega. Después me llegó una oferta de Mollerussa, que es donde estoy actualmente. Es mi quinta temporada. He llevado equipos de Liga Catalana, de Interterritorial, con la escuela, coordinando el basket y ligado al equipo sénior. La experiencia es buena, abres horizontes, escuchas ideas. Es un baloncesto diferente, más competitivo, la cantidad de clubes es más grande. Las ligas provinciales son competitivas, lo que hace que las autonómicas sean más potentes. Es muy enriquecedor estar donde estoy. Estoy contento, sigo progresando. He llevado un equipo sénior de la provincia de Tarragona y estoy colaborando con un club de la provincia de Barcelona. Soy un “culo inquieto”, me gusta trabajar, moverme, ver cosas nuevas. De esta forma, tienes oportunidades de tener nuevas experiencias y mejorar. Mi familia ha venido y la experiencia es más enriquecedora.
7. CdP: ¿Es fácil compatibilizar el baloncesto y la vida profesional?
P. E.: Soy entrenador, me dedico profesionalmente a ello. Por eso vine a Cataluña, ya que las cosas son distintas al Bierzo. Tengo mi contrato. Hay mucha gente que vive del deporte, somos trabajadores. Feliz y contento de dedicarme a esto. Desde que empieza la pretemporada hasta junio no tienes vida. Durante la semana puedes conciliar la vida familiar y haces el trabajo de oficina por la mañana. Tienes algún fin de semana libre. Siempre buscas resquicios para los tuyos, que son los grandes sufridores.
8. CdP: ¿Qué objetivos personales o profesionales tienes para el futuro en el ámbito deportivo?
P. E.: Quiero ser feliz. Cuando quieres ser feliz, hay tres cosas: familia, amigos y trabajo. Trabajo en lo que me gusta. Seguir mejorando, aprendiendo, intentar que cada vez más niños amen este deporte, crezcan como jugadores. Que los jugadores en categoría sénior sean mejores y puedan disfrutar. Ser mejor entrenador y persona cada día. Las relaciones humanas son importantes.
9. CdP: ¿Qué recuerdas de tu etapa de formación?
P. E.: Empecé a jugar siendo benjamín, a finales de los años 70, en el parque del Plantío con el JT. Jugué en el colegio San Antonio y nos fuimos al JT, donde quisimos empezar a entrenar en septiembre y nos fuimos a Basket Bierzo porque nos permitieron hacerlo. Nos fuimos todos juntos y mi etapa como jugador acabó cuando sufrí una lesión que me tuvo nueve meses sin jugar. Decidí dar el paso para ser entrenador. Era malo como jugador, me gustaba y tenía ganas para trabajar, pero destacaba por defender y, eso sí, tenía buena mano para lanzar de larga distancia. No destacaba.
10. CdP: ¿Tienes alguna anécdota como jugador?
P. E.: Recuerdo que en el JT quedamos subcampeones de la provincia por detrás del San Claudio, donde jugaban, entre otros, Josines, González y De Grado. Había jugadores con una trayectoria larga, un equipazo, y la Federación nos invitó a un campus a Soria. Era un campus de tecnificación, pero en campos de hierba –No había jugado en hierba–, por lo que fue donde más jugué sin botar. Una cosa curiosa.
11. CdP: ¿Hay algún equipo de baloncesto que sigas con especial interés?
P. E.: Sigo al Clínica Ponferrada, el equipo de mi ciudad, y soy seguidor del Real Madrid. Sigo sus partidos, pero soy más partidario de seguir a entrenadores. Me gusta ver partidos de Manresa con Diego Ocampo, a Ibon Navarro con Unicaja, los equipos de Pedro Martínez porque defienden de una manera tremenda. Me interesa el año de transición de Pablo Laso en Baskonia y sigo a Joan Peñarroya por su gestión en un año con tantas dificultades en el Barcelona, que es muy bueno. Procuro ir a ver muchos partidos de Lleida. Comentaba partidos y me gusta la idea de Gerard Encuentra.
12. CdP: ¿Quién considerarías que es tu ídolo y por qué?
P. E.: En lo personal, mi padre, la persona que me ha enseñado valores: lo importante es trabajar y ser buena persona. En lo deportivo, el mejor jugador que ha habido es Michael Jordan. Como entrenadores, Pablo Laso e históricos como Dean Smith. No tengo un referente claro en lo deportivo. Cojo cosas de la gente con la que entreno, intento nutrirme de lo que veo para intentar formar mi carácter. No quiero ser una copia de alguien, sino ser yo mismo.
13. CdP: ¿Por qué elegiste el baloncesto por delante de otros deportes?
D. F.: Por la intensidad, las sensaciones que transmite, los cambios constantes, tener que estar siempre activo para poder jugar. Respeto todos los deportes, soy seguidor de la Ponferradina, pero me aburro porque muchas veces no pasan cosas. Me gustan muchos deportes, pero me gusta el baloncesto porque es diferente y te tienes que adaptar. Lo tuve claro de pequeño: cuando tenía 5 años, los Reyes Magos me trajeron un balón de fútbol y no me gustó. Mi padre, que fue dirigente en el Santa Marta, quería que jugara al fútbol, me hinchó el balón y me acompañó al parque. Me tiró el balón, cogí el balón y creo que le quedó claro que el baloncesto iba a ser mi deporte.
14. CdP: ¿Cómo ves la evolución del club desde que te fuiste?
P. E.: En el primer equipo ha sido espectacular. Llevan años trabajando muy bien, aprovechando las oportunidades. Seguro que ha habido errores, pero la mayor parte de las decisiones han sido acertadas y el club está en la zona media-alta de una Segunda FEB que es una categoría tremendamente dura. Tiene la oportunidad de ascender, casi siempre con equipos nuevos. En formación tuvimos años buenos, llegamos a ser el sexto club de Castilla y León. Tuvimos un pequeño bajón, pero es difícil para Ponferrada competir por su entorno. El deporte rey es el fútbol, seguro que hay cosas que no se han hecho bien, pero están tratando de cambiar la inercia, invertir más tiempo en la cantera. Es la joya del club y es importante que la parte femenina haya crecido –llegó a haber vinculación con Bembibre–, aunque lo es más que se sigan haciendo esfuerzos para mejorar. Luchar por estar en Primera División y competir, para lo que hay que invertir. Es un debe que hay: invertir en la formación de entrenadores para que los jóvenes puedan disfrutar.
15. CdP: Define lo que es para ti escuchar la palabra BALONCESTO en una frase.
P. E.: Siempre me viene a la memoria la imagen de Pepu Hernández en la celebración del Mundial de Saitama diciendo «BA-LON-CES-TO». Para mí es felicidad, entrar en un mundo paralelo, donde el esfuerzo, la competición y donde más a gusto me encuentro. Estoy muy cómodo en un parqué.
16. CdP: ¿Qué consejo darías a los jugadores que hay actualmente en las categorías de formación del club?
P. E.: Que disfruten y sean felices con el deporte. Es un problema más de padres que de jugadores. Suelen ponerse objetivos a largo plazo. Si tienen que llegar, llegarán, pero hay que esforzarse mucho para llegar. Si no disfrutas, es más un castigo. Ser feliz en el día a día, disfrutar con lo que haces, tener ganas de aprender, no poner límites, que sean asequibles para aprender. Momentos difíciles siempre habrá, todo el mundo quiere ganar, pero ganar o perder es una circunstancia y es una consecuencia. Si trabajas bien, lo normal es ganar a no ser que el rival sea mejor. Tienes que analizar el porqué. Si das todo, tienes que irte satisfecho porque ganarás más veces.