En nuestro espacio “Conoce a…” retratamos este mes a Fernando Merchante, que pasó por nuestro club entre 2019 y 2023 como ayudante de David Barrio durante nuestras cuatro primeras temporadas en la actualmente conocida como Segunda FEB.

Ciudad de Ponferrada (CdP): ¿Qué recuerdas con más cariño de tu etapa en el club?

Fernando Merchante: Sin duda, el grupo humano que formamos jugadores y staff. Construimos equipos en los que valorábamos mucho la personalidad de cada jugador y su rol. Rodearnos de buenas personas y dar a cada uno su espacio de importancia fue clave en nuestros resultado y en que hoy sigamos recordando esa etapa con tanto cariño.

CdP: ¿Hay alguna anécdota divertida o memorable que te gustaría compartir de tu etapa en el club?

F. M.: Hay muchísimas anécdotas… desde los villancicos que grabábamos hasta alguna vez que nos saltamos un poco la cadena de mando. Sin embargo, contaré una que no me comprometa demasiado: durante los cuatro años que estuve allí utilicé como contraseñas de los ordenadores del club y del correo frases que decía nuestro presidente, Óscar García, y que a mí me parecían especialmente graciosas. Seguramente se entere de esto ahora leyendo la entrevista, así que aprovecho para pedir perdón a posteriori (risas). El último día, al dejar el club, se las pasé todas a Tore. Fue un momento muy divertido que me hizo recordar un montón de situaciones vividas en esos años y cerrar esa etapa con una sonrisa.

CdP: ¿Cómo describirías el ambiente en el club durante tu etapa allí?

F. M.: Realmente bueno, como una familia. Incluso en los malos momentos, que los hubo, siempre primaron la normalidad, la sinceridad y el apoyo entre nosotros. Para mí fueron cuatro años en los que disfruté de verdad del baloncesto. Ponferrada es y será mi segunda casa, y guardo un cariño especial a todo el club.

CdP: ¿Quiénes fueron tus mayores apoyos dentro del club?

F. M.: Sin duda, David Barrio, que fue la persona que confió en mí para ir a Ponferrada cuando no tenía nada y me hizo su mano derecha durante esos cuatro años. Una vez allí hubo mucha gente que me apoyó desde el primer día, podría dar muchos nombres, pero para mí Tore fue esencial.

CdP: ¿Cuál fue el desafío más grande que afrontaste cuando estabas en el club y cómo lo superaste?

F. M.: El inicio del primer año. Empezamos con un balance de 0–5 en un club al que acabábamos de llegar y con una plantilla que construimos tarde. No todas las piezas encajaron como pensábamos. El club tuvo paciencia y nos dejó trabajar. Fichamos a Andy Ramírez, un jugador de mi confianza, e hicimos algún ajuste más, pero no hubo cambios radicales: solo paciencia y trabajo diario. Salimos de ahí, encadenamos una racha histórica de victorias y acabamos en playoffs.

CdP: ¿Dónde estás entrenando actualmente y cómo ha sido tu experiencia hasta ahora?

F. M.: Actualmente estoy en Austria como entrenador ayudante en los Kapfenberg Bulls, en la primera división austriaca. También competimos en la ENBL, una competición europea con equipos de distintos países. Además, coordino el trabajo de la Academia de jóvenes jugadores del club. Es mi tercer año aquí y estoy muy contento con la confianza y responsabilidad que me están dando.

CdP: ¿Es fácil compatibilizar el baloncesto y la vida laboral?

F. M.: En mi caso, el baloncesto es mi trabajo. No me planteo hacer otra cosa.

CdP: ¿Qué objetivos personales o profesionales tienes para el futuro en el ámbito deportivo?

F. M.: Seguir aprendiendo y tener retos que me hagan crecer. Por ejemplo, competir en doble competición, liga y Europa, estos últimos años ha sido un auténtico desafío y me ha hecho mejor entrenador. Hacia ese tipo de retos quiero orientar mis objetivos.

CdP: ¿Cómo recuerdas tu etapa como jugador de formación?

F. M.: La verdad es que apenas he jugado al baloncesto; no me considero un buen jugador (risas). Con mis amigos siempre lo he pasado bien jugando, pero nunca a nivel competitivo.

CdP: ¿Recuerdas alguna anécdota de tu etapa como jugador?

F. M.: Cuando tenía 14–15 años, mi padre era entrenador del Halcón Viajes, equipo femenino profesional de Salamanca, y alguna pretemporada llegué a entrenar con ellas. Había jugadoras de gran nivel como Amaya Valdemoro. Con el tiempo me he dado cuenta de que en esos entrenamientos aprendí muchas cosas que hoy me sirven mucho como entrenador.

CdP: ¿Tienes algún equipo de baloncesto que sigas con especial interés?

F. M.: El Real Madrid, la selección española y, de vez en cuando, algún partido de la NBA.

CdP: ¿Quién considerarías que es tu ídolo y por qué?

F. M.: Michael Jordan. Por su manera de competir y por lo que transmitía a su equipo. Su mentalidad era totalmente determinante, incluso por encima de su talento físico o técnico.

CdP: ¿Por qué elegiste el baloncesto por delante de otros deportes?

F. M.: Mi padre era entrenador profesional y siempre he vivido el baloncesto desde dentro. Me he sentido cómodo en este mundo desde pequeño. Lo más normal era acabar relacionado con él de una forma u otra, aunque también me han gustado otros deportes como el fútbol, la natación o el tenis.

CdP: ¿Cómo ves la evolución del C. B. Ciudad de Ponferrada después de varios años fuera de él?

F. M.: Mi percepción es que cada vez están más cerca del siguiente nivel. Siguen dando pasos adelante como club. La afición de Ponferrada siempre apoya, la cantera es sólida y la Primera FEB no está nada lejos. No es ninguna locura.

CdP: Define lo que es para ti escuchar la palabra BALONCESTO en una frase.

F. M.: Es mi trabajo, mi profesión y, a la vez, mi pasión. Lo que más me hace disfrutar.

CdP: ¿Qué consejo darías a los jugadores que hay actualmente en las categorías de formación del club?

F. M.: Que lo más importante para disfrutar del baloncesto y mejorar es, primero, ser buena persona. Segundo, rodearte de gente que también lo sea, especialmente tus amigos. Y tercero, trabajo y disciplina. Sin eso no hay progreso… ni dentro ni fuera de la pista.